Las noches eran territorio intelectual. Una guerra de ideas se formaba en mi cabeza de la forma más bélica y caótica posible, y como si de agentes se tratasen, los límites del laberinto de la imaginación me cortaban el paso, mientras yo como un loco, trataba de huir de aquel entresijo de problemas, buscando un único camino, una solución. El insomnio me empujaba, no paraba de dar vueltas en la cama, y el coco, me consumía poco a poco, con sus subversivos pensamientos.